Habitus

En cuanto a las formas de adaptación que tienen las personas en un espacio físico, hay que precisar el concepto de “Habitus”, el cual según Boudieu, P. es: “Un proceso dinámico, a través del cual se van incorporando sistemas de disposiciones que se inscriben en el cuerpo y el psiquismo, en las maneras de hablar o de no hablar, de caminar, de comer, que van caracterizando a lo largo de una vida el conjunto de  las actitudes y de las conductas de un individuo”.

Habitus

Habitus

Tal como lo expresa Bourdieu, P. según el lugar que ocupemos en el corpus social estaremos condicionados de tal o cual manera, y ese condicionamiento estructurante del mundo social nos dotará y a la vez restringirá de determinadas maneras de pensar, sentir y accionar en las realidades, lo que nos hará semejantes a otros (habitus). Este sistema diferencia y al hacerlo clasifica prácticas donde se incluyen y a la vez excluyen determinados agentes sociales.

Si bien los enclasamientos sociales se diferencian entre sí por la accesibilidad o no a determinados servicios, hay un capital simbólico, cultural que  circunda desde lo inconsciente y hace a maneras de accionar diferentes entre una clase y otra. El status social hace a lo simbólico, a la pertenencia a un sector de la sociedad. En tanto, si bien lo económico hace a la diferenciación de clases, podemos alegar que lo simbólico, las representaciones sociales, aquello que se transmite de manera inconsciente y que por tanto reproducimos de manera inconsciente también, generan prácticas, accionares que nos hacen “pertenecer a…” . Además dicho autor afirma que podemos ocupar físicamente un habitat sin habitarlo sino se dispone de los medios, es decir, de cierto habitus. Pues la relación entre habitat – habitus es reciproca, se producen conjuntamente. Y es acá que queremos citar a Heidegger quien plantea que el habitar se trata de la búsqueda del sentido del habitar.

Siguiendo en la misma línea podemos decir que Bourdieu, P. entiende el campo social como un espacio de movilizaciones y desplazamientos, de conflictos que deja espacios abiertos para lo que ha venido a llamase estigmatización. Producir es vivir y vivir es producir de eso se trata la existencia. Frente al eterno  e indescifrable cuestionamiento ¿Quiénes somos?  hoy más que nunca respondemos que somos movimiento, estamos siendo afectos, símbolos, vínculos que hacen a lo que llamamos identidad. Para Devereux el concepto de identidad es una caja de instrumentos, en donde cada instrumento es uno de los infinitos mecanismos que el sujeto elige en función de la situación, de la interacción social que le toca vivir en el momento.

Goffman habla de la representación de sí mismo a partir de la teoría del rol social. Es decir, preguntándonos acerca del rol adquirido- asignado que se ocupa en el tejido social arribaremos a la representación de si mismo, al self, el cual a su vez se relaciona con el deseo del otro, el rol que el otro quiere que ocupemos en el entramado social y el rol que nosotros, de acuerdo a ciertos vectores de visibilidad- invisibilidad, queremos ocupar. Y ese rol puede conllevar el peso de ser diferente, de vivirse distinto o mejor dicho, distinto a lo queremos ser o a lo que los otros quieren que seamos. Somos sujetos sujetados a un contexto, somos lo que estamos siendo. Construimos y de-construimos subjetividades en la interacción, en el vínculo con el otro, en el interaccionismo simbólico, en el aquí y ahora al decir de Moreno, L.

Resumiendo, el habitus es producto de una historia vital, de acciones internalizadas que se ponen en acción al reaccionar a una situación. Y esa historia se construye en parte de manera inconsciente y en parte conciente, a la vez que es transmitida a partir de una cadena genealógica que determina maneras de actuar, sentir y pensar. Y parafreaseando al propio Bourdieu el habitus hace que representemos las conductas sociales de nuestra propia creación.

Ana María Araujo, en una investigación sobre los diferentes enclasamientos sociales clasifica tres subtipos de éstos, a saber: el registro social, el familiar, el psico-sexual y el simbólico- cultural. En el primero coloca todo lo que tienen que ver con el contexto socio-económico. En el registro familiar introduce a la familia como institución fundante y productora de ideologías, de deseos, de un mundo simbólico. En lo relacionado a lo psico-sexual implanta la problemática edípica, el deseo, la configuración del aparato psíquico, todo lo cual va dando forma a las diversas maneras de vivir la sexualidad. Y por último, en el registro simbólico-cultural se hace de las conceptualizaciones de Deverux del inconsciente cultural como pautador de conductas, hábitos, mitos, ritos, y significaciones compartidas por una comunidad.

Y justamente cuando articulamos todas estas variantes podemos hablar de habitus, y con ello de enclasamientos sociales, géneros, generaciones,  estéticas, de lo académico, cuidados corporales, hábitos alimenticios, dicotomías – lo bello y lo feo, lo vulgar y lo distinguido, etc.- y de luchas de lugares al decir de  Vincent de Gaulejac.

Fuente de la imagen: juventudrebelde.cu


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